lunes, 1 de febrero de 2010

El cielo de Madrid, JULIO LLAMAZARES
















"Pero, aquel año, era diferente. Aquel año, la inquietud había dejado paso a una especie de nostalgia inexplicable que me oprimía el estómago y que, en lugar de atenuarse, como me ocurría otras veces, había ido en aumento a medida que el verano transcurría. Era como si temiese que, aquel verano, las despedidas fueran a ser para siempre; como si presintiera que, a la vuelta de mi viaje, ya nada sería lo mismo; como si supiera ya que, aquel año, el verano no iba a ser otro paréntesis de tiempo, como todos los veranos anteriores, sino un punto y aparte en nuestras vidas".
Es fácil: "Te lo cuento ahora, que no me escuchas, porque, cuando me escuches, ya no sabré decírtelo". Así podría explicarse. Así parece iniciarse este relato que, sin embargo, no se inicia sino que se acaba. Así parece el escritor Julio Llamazares dibujar el camino recorrido, mirando y analizándolo en detalle para saber si por donde ahora se pisa es camino nuevo o es un camino ya transitado.
Así, haciendo preguntas cuando las respuestas ya dan lo mismo porque ya no varían el resultado. Así, mirando al cielo de anhelos y esperanzas, al cielo de azules y rosas velazqueños que se colorea en Madrid...

Este retrato generacional narra el recorrido vital de Carlos, un pintor treintañero que, junto a sus amigos (todos músicos, escritores, pintores...) ve pasar el tiempo y soñar la vida.
El cielo de Madrid habla de lo que ocurre cuando los deseos se convierten en realidad dejando al descubierto que valían menos de lo que se apostó por ellos. La búsqueda constante de la felicidad, ya sea con la cara del éxito o con la del fracaso, desde la absorbente actividad o desde la espesa calma; desde la contagiosa ilusión o desde la más profunda apatía.

Carlos y sus amigos miran al techo de El Limbo, el bar en el que se beben la vida esperando hallar respuestas. Y al no encontrarlas, deciden adentrarse en la ciudad. Madrid y sus cielos, que la diferencian, que la caracterizan...

Es esa la razón por la cual, la narración está estructurada, al estilo dantesco, en limbo, infierno, purgatorio y cielo. Cuatro fases que representan la despedida necesaria de la juventud y la asimilación inexcusable de la etapa adulta.
Andar cerca de los cuarenta y mirar atrás para analizar si lo alcanzado corresponde con lo que se persiguió. Frustraciones, inconformismo, contrariedad... Inseguridad, que alcanzar años no significa aclarar ideas... Y aprender al fin que las decisiones sí tienen consecuencias.
Y dibujarlo con un ejemplo. El arte como forma de vida, cuando pasión y profesión beben de la misma fuente:
"Desde que tenía memoria, no había hecho otra cosa que pintar y, en base a esa convicción, había tomado todas las decisiones sin pararme a pensar siquiera que podía, por supuesto, equivocarme. ¿Cuánta gente, al cabo de los años, se da cuenta de repente que se ha equivocado de profesión? Pero para mí pintar era mucho más que eso. Para mí pintar un cuadro era, más que una profesión o un oficio, una forma de vivir y de sentir."


El cielo de Madrid 


JULIO LLAMAZARES
2005 Editorial Alfaguara. 264 páginas.

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